
El Rey de Madagao, envuelto en una disputa con el Rey de Bornegascar, envió una carta que decía: "Antes de proceder más en este asunto, exijo el retiro de su Ministro de mi capital."
Esta demanda imposible enfureció enormemente al Rey de Bornegascar. Respondió con una feroz declaración: "No retiraré a mi Ministro. Además, si no retira inmediatamente su demanda, ¡lo retiraré yo mismo!"
La amenaza fue tan aterradora para el Rey de Madagao que, en su prisa por cumplir, tropezó con sus propios pies, rompiendo inadvertidamente el Tercer Mandamiento.
La historia ilustra que el orgullo y la terquedad pueden llevar a decisiones tontas y consecuencias no deseadas.
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