
Un león, fatigado por el calor de un día de verano, se quedó profundamente dormido en su guarida. Mientras descansaba, un ratón corrió sobre su melena y orejas, despertándolo de su sueño.
Alarmado, el león se levantó, sacudiéndose con gran furia. Buscó en cada rincón de su guarida, decidido a encontrar al ratón que había perturbado su paz.
Un zorro, observando la agitación del león, comentó: "Qué buen león eres, para asustarte por un simple ratón".
El león respondió: "No es el ratón lo que temo; es su familiaridad y mala educación lo que me molesta".
Este encuentro sirve como recordatorio de que incluso las pequeñas ofensas pueden tener un gran peso. Las pequeñas libertades pueden ser, de hecho, grandes ofensas.
Hasta los más poderosos pueden ofenderse por pequeños actos de falta de respeto.
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