
Según una antigua leyenda, el primer hombre fue creado por Júpiter, el primer toro por Neptuno y la primera casa por Minerva. Una vez que completaron sus labores, surgió una disputa sobre cuál de ellos había producido la creación más perfecta. Decidieron nombrar a Momo como juez y acordaron acatar su decisión.
Sin embargo, Momo, sintiendo envidia de la obra de cada creador, encontró defectos en todas. Primero criticó el trabajo de Neptuno, argumentando que los cuernos del toro deberían haber sido colocados debajo de sus ojos, permitiéndole ver mejor dónde golpear. Luego, condenó la creación de Júpiter, afirmando que el corazón del hombre debería haber sido colocado en el exterior, para que todos pudieran leer los pensamientos de los malintencionados y tomar precauciones contra sus travesuras.
Finalmente, dirigió su atención a Minerva, reprochándole por no incorporar ruedas de hierro en los cimientos de su casa, lo que permitiría a sus habitantes moverse más fácilmente si un vecino se volvía problemático.
Júpiter, indignado por tal búsqueda persistente de defectos, destituyó a Momo de su papel como juez y lo expulsó de los salones del Olimpo.
La moraleja de la historia es que la crítica implacable y la envidia pueden llevar a la caída de uno, ya que aquellos que se enfocan únicamente en encontrar defectos en los demás pueden terminar perdiendo su lugar y respeto.
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