Una fábula de Ambrose Bierce
Sátira para lectores mayores

Un león vagaba por el bosque cuando se le clavó una espina en la pata. En su angustia, se encontró con un pastor y le pidió que le quitara la espina. El pastor, sintiendo compasión por la gran bestia, accedió y extrajo cuidadosamente la espina.
Con alivio, el león agradeció al pastor y, habiendo acabado de devorar a otro pastor, decidió perdonar a este y siguió su camino sin causarle ningún daño.
Tiempo después, el pastor se encontró injustamente acusado de un crimen y fue condenado a ser arrojado a los leones en el anfiteatro. Mientras esperaba su sombrío destino, los leones se agruparon a su alrededor, listos para devorar su próxima comida.
Justo cuando los leones estaban a punto de atacar, uno de ellos habló y dijo: "Este es el hombre que me quitó la espina de la pata". Al escuchar esto, los otros leones hicieron una pausa y, por respeto a la bondad del pastor, decidieron abstenerse de atacarlo. Sin embargo, el león al que el pastor había ayudado tenía otros planes y decidió reclamar su comida. Con un movimiento rápido, saltó hacia adelante y devoró al pastor él mismo.
Así, la historia nos recuerda que no todos los actos de bondad son recompensados, y que a veces, aquellos a quienes ayudamos no siempre tienen nuestras mejores intenciones en mente.
La moraleja de la historia es que la bondad puede ser recompensada con traición, y uno debe ser cauteloso al confiar en aquellos a quienes ayuda.
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