Una fábula de Ambrose Bierce
Sátira para lectores mayores

Una persona inofensiva caminaba por un lugar público cuando de repente fue asaltada por un desconocido que blandía un garrote. El ataque fue severo, dejando a la víctima malherida y confundida.
Cuando el desconocido fue llevado a juicio, el demandante se dirigió al juez diciendo: "No entiendo por qué fui asaltado; no tengo un solo enemigo en el mundo".
El acusado respondió: "Esa es precisamente la razón por la que lo golpeé".
El juez, contemplando la situación, declaró: "Que el prisionero sea liberado. Un hombre que no tiene enemigos no tiene amigos. Los tribunales no son para tales asuntos".
En ese momento, el juez destacó una verdad profunda sobre las relaciones humanas y las complejidades de las interacciones sociales.
La ausencia de enemigos a menudo significa la ausencia de relaciones significativas y autenticidad en la vida de uno.
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