Una fábula de Ambrose Bierce
Sátira para lectores mayores

Una vez, un ladrón decidió emprender acciones legales contra sus cómplices, buscando recuperar su parte del botín que habían robado a un Hombre Honesto. Como parte de su caso, insistió en que el Hombre Honesto acudiera a la corte para testificar sobre la pérdida que había sufrido.
Sin embargo, el Hombre Honesto explicó que su participación era mínima; él era simplemente el agente de un grupo de otros hombres honestos y, por lo tanto, no era su preocupación asistir al juicio. Cuando los oficiales de la corte llegaron para entregarle una citación, se ocultó hábilmente, evitando sus intentos de convocarlo.
Mientras se escondía, pasaba el tiempo durante las largas horas de inactividad entreteniéndose con un pasatiempo bastante peculiar: revisarse sus propios bolsillos. De esta manera, logró desviar su atención de los problemas que lo rodeaban, manteniéndose felizmente ajeno al predicamento del ladrón.
La moraleja de la historia es que no se puede esperar justicia ni responsabilidad de aquellos que son deshonestos o indiferentes al sufrimiento de los demás.
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