
Un perro solía correr sigilosamente hacia los talones de todos los que encontraba y morderlos sin previo aviso. Para remediar este comportamiento, su dueño le colgó una campana alrededor del cuello para que el perro pudiera anunciar su presencia dondequiera que fuera.
Pensando que era una marca de distinción, el perro se enorgulleció de su campana y comenzó a hacerla sonar por todo el mercado. Un día, un viejo sabueso se le acercó y le preguntó: "¿Por qué te exhibes de esa manera? Esa campana que llevas no es, créeme, una condecoración. Al contrario, es una marca de deshonra, un aviso público para que todos los hombres te eviten como a un perro mal educado."
Este encuentro sirve como recordatorio de que la notoriedad a menudo se confunde con la fama.
La notoriedad a menudo se confunde con la fama, y lo que uno percibe como una distinción puede ser en realidad una marca de desgracia.
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